martes, 27 de octubre de 2009

Retomando Sendas Perdidas

Volver a escribir a estas alturas del partido, luego de haber dejado botado este asunto por tanto tiempo, resulta algo un poco complicado. Principalmente, por no tener un tema del cual hablar y porque en lo que llevo de año académico no he tocado algo que se relacione con las letras ni la literatura, tan sólo he visto números y más números, pero bueno es el camino que he escogido para empezar a armar mi futuro, y espero que haya sido la desición correcta y que los futuros eventos que me sucedan, ayuden aún más a sobrellevar con éxito mi pasar universitario.

Retomando este párrafo luego de un año y seis meses, ha hecho darme cuenta que el tiempo es inclemente, y provoca que uno tenga distintas visiones de las cosas que antes no conocía o no esperaba recibir. Conocer el fracaso, la posterior derrota, la consecuente resignación y una posterior calma, ha sido algo bastante complicado de revisar y de comprender. Tal vez, merecía en cierta forma caer en este tipo de jugarretas de la vida, yo siendo siempre una persona muy calmada y con ideas siempre dentro de lo posible para conseguir las metas que me proponía, me han demostrado que por más que uno trabaje siempre está el factor sorpresa, ese algo que uno no es capaz de controlar, como tal corriente de agua que sale de una vertiente y se escurre en nuestras manos.

Así como la predicción del clima no acerta con regularidad, así mismo la vida nos enseña que por muy preparado se esté para un día de tormenta puede ocurrir esa pequeña pero no imposible posibilidad que el día amanezca con un radiante sol, y nos demuestre que por mucho que nos hayamos provisto de casacas y paraguas, no servirá de nada pues aquella mañana nos invita a lo contrario. El saber que el clima es algo totalmente caprichoso y fuera de nuestro alcance, que está dominado por una serie de probabilidades nos demuestra que así podemos realizar una simple analogía con lo que es la vivir la vida, una serie de consecuencias que finalmente no podemos controlar pero si afrontar.

Por lo mismo, vivir el día a día con la mejor actitud posible es la más simple y confiable de las respuestas ante tal complicado ajetreo. El día por muy nublado y amenazante que esté, siendo sobrellevado con una actitud alegre y positiva, será tan sólo una mera anécdota de nuestro pasar por aquella situación adversa, la lluvia no sería razón de tristeza sino de un lavado de espíritu y un renacer aunque no portemos abrigos ni paraguas. Multiplicar alegrías es más fácil que acumular un cúmulo de penas, que no hacen más que dividir.

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