Según la Asamblea General de las Naciones
Unidas titulada “Soberanía permanente sobre los recursos naturales" de
1962, se explícita que: “La nacionalización, la expropiación o la requisición
deberán fundarse en razones o motivos de utilidad pública, de seguridad o de
interés nacional, los cuales se reconocen como superiores al mero interés
particular o privado, tanto nacional como extranjero. En estos casos se pagará
al dueño la indemnización correspondiente, con arreglo a las normas en vigor en
el Estado que adopte estas medidas en ejercicio de su soberanía y en
conformidad con el derecho internacional”.
Partiendo de dicha base, se puede establecer
que los recursos naturales existentes en una nación por acuerdos
internacionales, le son de su propiedad. Y es aquí que nace la discusión
referente al caso que ocurre en nuestro país al respecto.
Existen varios decretos y leyes que regulan
las actividades económicas extractivas de las distintas materias
primas/commodities. Lamentablemente, dichas disposiciones fueron impuestas en
época de la dictadura cívico-militar, que fijó con un claro ímpetu ideológico el
funcionamiento de la industria en Chile.
A modo de ejemplo, está el decreto ley 701 de
fomento forestal, en que se establecen una serie de regalías a la industria. En
1974, se posibilitó que las plantaciones de monocultivos de eucaliptus y pino
radiata recibieran un subsidio de parte del Estado que nominalmente cubría el
75% de la inversión inicial pero que, en los hechos, cubría un 100% o más. Lo
anterior, permitió que las familias Matte (CMPC) y Angelini (Arauco) hicieran
crecer su patrimonio; se estima que “desde su aplicación, el Fisco desembolsó
unos US$ 875 millones. De ese total, el 69,8% de los recursos fue en beneficio
de grandes y medianos propietarios forestales”.
Durante 2014, se logró un record de
exportaciones forestales, superando la barrera de los US$ 6000 millones. Se
planteó desde el Ejecutivo la intención de continuar con esta política,
reflotando estas disposiciones legales, bajo la argumentación de que arroja
beneficios a las comunidades que rodean los complejos forestales. Sabemos que a
simple vista, los indicadores de empleabilidad de nuestra región, no reflejan
tal panorama de esplendor esperado. Según la CASEN de 2009, la provincia de
Arauco presenta un índice de pobreza de un 26,9% de la población, mientras que
en las provincias de Malleco y Cautín estas cifras son 25% y 35,1%,
respectivamente.
Otro aspecto, es la Ley de Pesca, la cual
contrajo una amplia discusión a nivel nacional, provocando una crisis política
de proporciones en que diversos lobistas de las principales empresas pesqueras,
dirigían el debate para la conveniencia de su propio sector. La actual
regulación, se está buscando replantear, por considerársela viciada por estas
situaciones y por las ventajas que se entregan a las famosas “7 familias” (Angelini,
Lecaros, Yaconi –Santa Cruz , Sarquis, Stengel, Fernández e Izquierdo).
En este caso es la Ley de Límites Máximos de
Captura por Armador, que entró en vigencia en 2001, que es la que estableció un
sistema de cuotas individuales transferibles que duraría dos años. En 2002, a
través de una ley corta, el Congreso aprobó extender estas licencias por diez
años. Las siete familias se hicieron del 92 por ciento de las cuotas de captura
industrial.
Es así como, los industriales han concentrado
ganancias por 9 mil millones de dólares, pero nunca han pagado por la
asignación de las cuotas. Solo están obligados a pagar una patente por operar
sus embarcaciones. De esta manera, pese a que Chile es uno de los top diez en
descargas pesqueras del mundo, el sector solo aporta un 0,4 por ciento del PIB
del país.
Finalmente, nos encontramos con la regulación
de los recursos minerales regidos por el Código de Minería del año 1983.
Bullado es el tema del Litio y siempre está en la palestra pública el Cobre, la
denominada “viga maestra de la economía” o el “sueldo de Chile”. Nuestro país se
encumbra como el mayor productor de tal mineral, correspondiendo a un tercio
del total mundial. Codelco como la mayor empresa estatal, es la que más aporta
con impuestos al erario público y entrega adicionalmente, el 10% de sus ganancias
por exportaciones mediante la Ley Reservada del Cobre a las Fuerzas Armadas.
Terminadas las exposiciones anteriores, nos
lleva a cuestionarnos la sobreexplotación de los recursos naturales del país.
La industria forestal lleva a generar verdaderos “desiertos verdes”, ya que,
los monocultivos de pino radiata y eucaliptus absorben grandes cantidades de
agua provocando erosión de los suelos. Por otro lado, la excesiva captura de
las especies marinas, en especial, mediante la pesca de arrastre conlleva daños
al suelo submarino, lo cual afecta al ecosistema por prolongados períodos de
tiempo.
Y en cuanto a la minería, los daños
medioambientales están a la vista reciente. El caso de Ventanas-Puchuncaví con
la Escuela de La Greda, lo que ocurre en el uso del agua en la zona del norte y
las comunidades aledañas y el manejo inadecuado de los tranques de relaves
tanto durante su funcionamiento como a posteriori.
Según la propia Constitución tenemos el
derecho a vivir “en un medio ambiente libre de contaminación”, es aquí donde se
contrapone, la postura económica actual de extracción de los recursos con
legislaciones débiles que no salvaguardan el medio ambiente ni mucho menos los
intereses nacionales de protección de las mismas fuentes naturales, que al no
ser renovables, están a la libre hipoteca de las grandes corporaciones
extractivas.
¿Nacionalizar los recursos será la respuesta
para una extracción racional de nuestras riquezas? Mientras no exista un cambio
en la visión cortoplacista a una de largo plazo y sumado a una postura de la
siempre recurrente idea de aportar un valor agregado a la producción, sería
construir castillos en el aire.
Como paso previo, si no se recurre a una acción
de Estado que se mantenga en el tiempo y sea transversal a los distintos
gobiernos, pensar que las continuas extracciones deben cumplir con ciertos
ciclos, regulaciones medioambientales que se apliquen y se fiscalicen junto con
establecer marcos regulatorios que inserten pago de impuestos, por las grandes
compañías, para ir en ayuda de las comunidades y el país. Lo anterior, implicaría
aportes interesantes para generar capital humano, desarrollo
sustentable/sostenible y tecnológico para las futuras vicisitudes que se
avecinan más temprano que tarde.

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