sábado, 3 de mayo de 2014

Catarsis Social, Centralismo y Resiliencia.

A raíz de los último sucesos de catástrofes naturales ocurridos en puntos estratégicos de nuestro país, es que me nace desarrollar este tema de la catarsis ocurrida frente a ese centralismo, muy propio de nuestra sociedad.

Primero, deberíamos situarnos en lo ocurrido el 27 de Febrero de 2010. El gran terremoto de magnitud 8,8 Richter puso al descubierto las debilidades que tenemos como nación. Las autoridades políticas y de seguridad, no dieron abasto ante tal situación, mientras tanto, nosotros como ciudadanía sin tener mayor información de lo ocurrido, nos conducíamos en distintas direcciones buscando respuestas y sobre todo sobrevivencia, en la verdadera selva que se transformó Concepción.

Tuvimos la “suerte” de que tal evento también fue percibido por gran parte de la zona central y principalmente, Santiago. Aún existen muchos/as santiaguinos/as que creen haber vivido lo peor ese 27F, siendo que en nuestra intercomuna penquista y demás provincias, hubo sectores sin servicios básicos prácticamente un mes completo y en la capital, en unos cuantos días ya se encontraban operativos.

La catarsis social ocurrió, el “terremoto social” o como quiera ser llamado, se organizaron ayudas y todo tipo de planes de vivienda. La entrega de mediaguas y el cambio de concepto de “campamentos” a “aldeas”, buscaba palear mediante tal eufemismo lo mucho que iba a extenderse la emergencia y la reconstrucción. Tal fue el desconocimiento de las condiciones climáticas de la zona, que las mediaguas fueron entregadas en un principio bajo ningún tipo de resguardo a lluvias, generando un gasto aún mayor en hacerlas resistentes (Se entregaron kits de invierno, que no eran más que forros de nylons). Se vivieron varios inviernos, familias perdieron fuentes de trabajo y las condiciones de vida eran mínimas.

Se suma a todo esto, el caso de muchos/as vecinos/as en Talcahuano, que les fueron entregados sus departamentos en el conjunto Mirador del Pacífico (1) bajo terminaciones de dudosa calidad, siendo que en reiteradas ocasiones antes de la entrega, dejaron reclamos respecto a que no iban a aguantar las lluvias de nuestra zona.

Rechazar la “solidaridad” no es el punto, pero cuando se entrega algo de forma “desinteresada” o para mejorar la situación de un conjunto de personas, hay que revisar los contextos y sobre todo, las opiniones de tales comunidades.

El terremoto ocurrido en la zona norte, actualmente está pasando de ser percibido en los medios masivos de comunicación, siendo desplazado por el incendio de Valparaíso. La mayor problemática, es que en Iquique no es el foco más afectado, sino que Alto Hospicio. Tal comuna, nació primeramente como campamento y tomas de terreno en medio del altiplano del desierto, determinando su realidad de ciudad carente en diversas necesidades. Pese a lo cercano a la capital regional (Iquique), el único camino que conecta ambas comunas, se encuentra en pésimo estado. Algo así como un símil cuando los puentes del Biobío se cortaron (Haciendo el hincapié que cuando se entregó el Puente Juan Pablo II, no fue en las mejores condiciones, frente a los puentes de las Autopistas Santiaguinas). De hecho, les fijaron restricción vehicular para subir al altiplano y de ahí a los pueblos del interior. Tales localidades sufren el actual flagelo del abandono mediático y social.
Ya se vio durante el Terremoto de 2007 en Tocopilla, en que estas localidades interiores (Que se concentran en el Altiplano y cerca de la Cordillera) quedaron totalmente desbastadas. Hace muy poco algunas habían logrado levantarse y este suceso los envió a empezar de nuevo, repensando en mirar hacia adelante otra vez.

Luego de todo esto, ocurrió el incendio de Valparaíso. La zona afectada se extiende en varias hectáreas y no es la necesariamente turística. Los cerros alcanzados por las llamas, vienen a ser los más pobres, los que siempre sufren este tipo de calamidades.

Muy patente se hizo el hecho del morbo de la prensa en entrevistar a niños/as, familias llorando ante la cámara y preguntas que escapaban de un cierto marco de moralidad. El llamado de atención de parte de una pobladora a una periodista: “Los pobres no tenemos oportunidad de escoger dónde vivir” ante la pregunta de por qué vivía en un sector de peligro de incendio, demostró el desconocimiento del contexto y la sed de puntos de rating de parte de los medios de la Capital.

Así surgió la “necesidad de ayudar”, fue tal la masa de cosas que llegaron, que muchas fueron a parar a los vertederos porque se descomponían en caso de los alimentos o era ropa en condiciones paupérrimas. ¿No se podría haber pensado en enviar algo más de ayuda a las localidades del Norte del país? Valparaíso, tuvo la “suerte” de ser el balneario y ciudad vacacional de Santiago, pero la gente que vive en el Altiplano desde Alto Hospicio hacia arriba, llegan a ser el patio trasero de Chile.

Una vez un profesor me contaba que parte de este Centralismo, fue herencia de la Corona Española. Todo se respondía a un punto central, siendo que no se tenía mayor manejo del contexto en que se desenvolvía la problemática presentada. Por ejemplo, la Capitanía General de Chile dependía del Virreinato del Perú  y de ahí a la misma Corona. Países como Argentina, Brasil o México son estados federales, decidiendo en sus internas no mantener tal herencia, camino que también trató Chile hace mucho tiempo en el siglo XIX, pero no con buenos resultados.

La catarsis social viene a ser el espíritu resiliente, que han adoptado las distintas regiones del país ante la indiferencia del Poder Central de Santiago. Los movimientos sociales de Aysén, Magallanes, Freirina, entre otros vienen a plantearnos tal espíritu de empezar a construir una sociedad regional más organizada y consciente de que si la solución no llega, se deben generar respuestas en la interna con la gente que vive y/o sobrevive tal evento. Lo malo es cuando esa “catarsis social” viene de otras zonas a sólo entorpecer los procesos de autodeterminación de las comunidades, cuando se vuelve un show televisivo y comienzan los subsidios descontextualizados. Ejemplo, las gift cards a la gente de Valparaíso en una conocida cadena comercial (Cencosud), que internó para el 27F productos como “ayuda humanitaria” para luego venderlos o que ahora lanzaba “créditos de consumo” para aquellas personas que perdieron todo, inclusive sus documentos de identificación.

Por lo mismo, muchas regiones tienen iniciativas propias, como Corbiobio acá en Concepción o las Jornadas de Ayuda al Niño lisiado en Punta Arenas, entre otras iniciativas. La problemática es que los niveles de incidencia deberían acrecentarse en estas organizaciones para generar identidad regional, así también, los medios de comunicación de tales zonas.

Tampoco se debe olvidar, como punto importante,  que los Centralismos también se dan a nivel local. Concepción viene a ser un mini Santiago para la Provincia como para la Región completa o Iquique para la Región de Tarapacá.

Sería bueno analizar nuevamente la posibilidad de entregar mayores autonomías a las regiones, desconcentrar el poder en Santiago, tener la opción de escoger autoridades regionales propias de estas zonas y no la trampa de los Cores, en que la desinformación fue tal que las personas votaron sin saber junto con  que la Ley que los norma, no está debidamente terminada.

El centralismo finalmente nos determina como sociedad, la persona que viene de región a la capital, es mirada de otra forma o viceversa. Las cosas que se viven más al sur o al norte de Santiago es diametralmente opuesto a lo que se ve ahí. La pobreza se vive de otra forma, el transporte público, la salud, la seguridad pública, el empleo y un gigante etcétera. Al final se termina por generalizar y obviar las realidades locales, presentado políticas sociales deficitarias o que no se adecúan.

¿Será que llevamos tantos años de Centralismo, que ya se encarna en la sociedad chilena? ¿Tendremos que seguir así para que la resiliencia regional siga activa y vengan por ahí las soluciones? ¿Será que nos acostumbramos a que 6 millones de personas dominen a las otras 11 millones, sólo porque no viven entre las cuadras de la Alameda o en las comunas de la precordillera de Santiago?




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