sábado, 3 de septiembre de 2016
Memorias Alternativas, Realidades Paralelas
jueves, 18 de febrero de 2016
Recursos naturales, ¿Nacionalización?
sábado, 3 de mayo de 2014
Catarsis Social, Centralismo y Resiliencia.
domingo, 25 de agosto de 2013
Cosmovisión Mapuche
domingo, 30 de junio de 2013
“Hay dos panes. Usted se come dos. Yo ninguno”
martes, 13 de septiembre de 2011
Carta a un(a) amigo(a)
miércoles, 17 de marzo de 2010
Réplicas diarias: Diario semanal de una catástrofe I
26-02: Emprendo rumbo a Tomé a casa de una amiga que celebra su despedida para su vuelta a clases en U de Chile, eran cerca de las 9 de la noche y tomo el bus que encamina a una serie de hechos que jamás sospecharía que alcanzarían la magnitud que tomaron después en los días venideros a la madrugada de aquel fatídico suceso. Siendo las 10 y algo de la noche me encuentro caminando por las calles de la ciudad de Tomé, en el sector de Bellavista para ser precisos cuyo nombre viene de aquella mítica empresa textil que en los albores de siglo XX poseía una importancia de nivel nacional.
La noche, continuaba su curso con una potente luna llena que más adelante sería de gran ayuda. Llegaban más invitados de los alrededores y algunos de nosotros fuimos a buscar a otros rezagados a la bajada del bus, bordeando justamente el canal y la empresa Bellavista, cuyos firmes muros y sendero pavimentado demostraba total seguridad. La noche se veía tranquila, pero nadie sabía que esa noche muchas de nuestras vidas y sus comunes lineamientos iban a cambiar en tan sólo minutos.
27-02: La fiesta continuaba en las primeras horas de este nuevo día, incluso fuimos a comprar donde “Don Carloncho” un boliche del lugar, donde se una pantalla de TV transmitía la competencia folclórica del festival de Viña, un evento que ya había pasado al olvido para mí y mis contertulios. Mientras conversábamos todos en el patio de la dueña de casa, yo y unos cuantos en una mesa alrededor de unas cervezas, lo increíble e inesperado ocurrió.
El suelo se movió de una forma que en mi vida había sentido, me paré al instante de mi puesto y al ver hacia la calle desde el condominio aquel, lo más inmediato fue el corte de la luz pública y domiciliaria. Los postes y panderetas se movían de una forma nunca antes vista, los dueños de casa corrieron sin darme cuenta hacia donde. Nos juntamos todos los que estábamos ahí en las cercanías de una plazuela del lugar y nos quedamos quietos estupefactos ante tal movimiento de la tierra. Los que eran de la ciudad corrieron en dirección a sus casas sin vacilar y entre tanta intranquilidad se escuchó una voz decir: “¡Vamos todos para el cerro!”, éramos unos cuantos que nos manteníamos ahí quietos abrazados unos a otros diciéndonos que esto pasaría y veíamos atónitos que este sismo no era igual a ninguno otro en que hubiesemos estado.
Al recordar que mis cosas (Documentos y celular) estaban en la casa, tuve que entrar de forma rápida mientras todo no paraba de moverse y algunos ya habían escapado de tal caos. Con mis cosas en mano, nos prestamos a arrancar. Al haberse cortado la electricidad, el portón del condominio no funcionaba (De manera que aun no entiendo) todos saltamos aquella valla de forma veloz y al pisar la calle nos dimos cuenta que era un verdadero “río” (En ese instante, pensé que ya la subida de marea post terremoto hacia efecto). Corrimos, esquivando postes de luz que tenían sus cables en el piso, charcos de agua enormes y se escuchaban las alarmas de los autos incesantemente.
Seguíamos letreros demarcados con anterioridad “RUTA DE EVACUACION TSUNAMI” decían, y así subimos un cerro que me recordó mucho al cerro Caracol o al Cerro La Virgen, era un camino pavimentado en que algunos despistados subían en auto hasta un plano donde ya no existía más vialidad para autos. Pasamos a través de escombros debido a deslizamientos del cerro, también pasamos entre cables del alumbrado público.
Llegamos a cierto punto donde alguien gritó “¡Apaguen cigarros y velas que hay fuga de gas!”, entonces corrimos todos sin antes aguantar la respiración y pasar entre medio de cables de tendido eléctrico y escombros de los cerros. Al mirar hacia al lado nos dimos cuenta que una casa se vió muy afectada, siendo arrastrada en parte por el deslizamiento de las laderas del cerro y afectando al camino que ya llevábamos recorrido. En ese punto ya era un plano, alrededor se veían unos postes de luz y una gran reja que estaba cerrada. En ese instante, se ve entre la gente a la dueña de casa la cual al ver a la gente desesperada, nos abrió un pequeño sendero el cual estaba cerrada por otra reja.
Entre todos los que subíamos nos dábamos calma, el sendero era tal que se podía pasar en una fila de personas, tenía escaleras y después continuaba de tierra hasta la punta de aquel cerro. Ahí se veía un lugar seguro, rodeado de pinos eso sí bien lejos y mucha vegetación. Llegó mucha gente, en familias numerosas, a nuestro lado había una casa muy humilde la cual nos prestó mucha ayuda. Como yo andaba con mi celular que poseía radio y algo de batería puse la Radio Biobío, la cual era la única que transmitía a esas horas, eran como las 4 de la mañana.
En esos momentos, llegó la familia de los dueños de casa y los demás asistentes que eran de las cercanías. Llegó muchísima gente y se formaron fogatas, se sentían aún replicas y ver los árboles moverse nos causaba cierto pavor. Con el pasar del tiempo, nuestra preocupación por nuestros familiares crecía, al escuchar por la radio que posiblemente el epicentro se encontraba en Cauquenes con una medición Mercalli bastante alta (Después sabríamos que éramos partícipes de uno de los terremotos más poderosos de la historia de Chile y de la humanidad, con epicentro en Cobquecura). Yo antes de escuchar aquello, pensaba que nos encontrábamos en el mismísimo punto en donde todo este caos se había originado. Había pasado como una hora post movimiento telúrico, todos llamábamos a nuestras casas pero las líneas estaban colapsadas. Mientras escuchaba la radio, ésta se interrumpió y era un llamado de mi madre. Fue el primer llamado que se recibió en aquella madrugada, luego de muchos intentos de todas las personas (Que ya eran hartas) hablé con mi hermana y también con mi padre, al que le dije algo que jamás olvidaré: “No sé a qué hora, no sé en que día ni de qué manera, pero voy a llegar a la casa” (Obviamente, también les conté que estaba bien en un cerro junto con mis amigos y era mi intención llegar a la mañana siguiente).
Fue una noche muy larga y de luna llena. Se escuchaban las sirenas de los bomberos de Tomé (Aquí mucha gente subió por iniciativa propia), por la radio se escuchaban de los primeros saqueos, “falsas alertas de Tsunami” (De parte de ONEMI, SHOA, Intendente y más tarde Ex-Presidenta) y los más atroces destrozos en la ciudad de Concepción provocados por el terremoto...
